sábado, 3 de marzo de 2018

España ye yé: la conexión italiana


Mucha gente cree que toda la movida yeyé española de los años 60 fue la consecuencia natural de un invento de los Beatles, a causa del revuelo creado por sus canciones de 1963 She Loves You, e It Won’t Be Long, que iban cargadas de onomatopeyas ye-yé; junto con la influencia un poco posterior del también británico Georgie Fame y su hit masivo Yeh yeh, igualmente plagado con las sílabas de marras, que fue grabado en 1964 para alcanzar la cima del éxito al año siguiente.

Pues están equivocados. O, al menos, sólo ven una pequeña parte del mosaico. Porque el movidón yeyé español fue un asunto bien original, con características propias. Permeable, desde luego, a todo tipo de influencias foráneas, que fueron esenciales, pero, frente a lo que pudiera parecer, no procedieron en su mayor parte del mundo anglosajón; ni siquiera de Francia. El principal referente para el pop español de aquellos años (1964-1967) fue, sin duda alguna, la canción italiana, que tenía su escaparate anual en el Festival de San Remo: una fábrica inagotable de canciones para versionar, que además sirvió de modelo a los numerosos festivales autóctonos que sirvieron al desarrollo de la "canción ye-yé" española, en especial el Festival de la Canción Mediterránea en Barcelona y el Festival de Benidorm.


No debe olvidarse que del festival italiano salió en el año 1964 otro referente esencial para el ye-yé autóctono, Quandro vedrai la mia ragazza, interpretado por el rocker Little Tony, que iba tanto o más cargadito de ye-yés que las canciones de los Beatles y Georgie Fame antes citadas. Así lo demuestran las numerosas versiones del mismo que se grabaron en castellano, con el título de Si encuentras a mi amor: comenzando por una del propio Little Tony, y siguiendo con las de Ennio Sangiusto, Silvana Velasco, Tony Vilaplana, Los Mustang, Rudy Ventura, el Duo Juvent’s, y Michel (aunque este último no usara ye-yés, que Michel iba para cantante serio). Sin olvidar una versión más en castellano, grabada por Gene Pitney para el mercado americano.

Las puertas del mercado discográfico español estaban abiertas entonces de par en par a los artistas italianos. Acogimos en nuestras tierras a la pionera cantante hispano-italiana Serenella, a Torrebruno y a Ennio Sangiusto, que se establecieron en España, participando plenamente en el movimiento ye-yé autócnono, y recibimos las visitas puntuales de lolitas ye-yé como Rita Monico, Wilma Goich, Gigliola Cinquetti, y de otras más mayorcitas como Laura Casale y Lucia Valeri, muchas de las cuales grabaron discos en nuestro país.

Rita 64
Rita 66












El modelo musical italiano, con su sensibilidad romántica, su carácter eminentemente melódico y sus abundantes dosis de ingenio y de humor, resultaba irresistible para los españoles. Y es que los italianos han sido siempre grandes artistas, dotados de un enorme buen gusto; cuando uno repasa la historia del pop itálico, puede llegar a creer que géneros como el rock progresivo, el groove, el funk o la cinemática, que se les han dado siempre de maravilla, fueron inventados allí y no en los Estados Unidos o en Inglaterra. Tanta es la sabiduría de sus músicos y compositores. 

Mazzetti 63
Caselli 64
Durante los años 60 las casas discográficas españolas mantuvieron estrechos contactos con sus homólogas italianas, ostentando amplios catálogos de artistas itálicos, que acostumbraron a grabar sus éxitos en castellano (algunos también en catalán), siempre ávidos de conquistar el mercado español. Belter tuvo como artistas estrella a Tony Dallara, Mina, Cocky Mazzetti, Giorgio Gaber, Fausto Leali o Memo Remigi, publicando también algunas cosas de Caterina Caselli, Lilly Bonato, Iva Zanicchi, Annarita Spinaci, Milena, Plinio Maggi... 


Vergara editó muy numerosos discos de Claudio Villa, Adriano Celentano, Little Tony, Milva, Bobby Solo, Rocky Roberts, Emilio Pericoli, Wilma Goich, Ornella Vanoni, Sergio Endrigo, Gianni Pettenatti… 

Mientras que RCA España también contaba con figuras de primera fila como Rita Pavone, Edoardo Vianello, Patty Pravo, Jimmy Fontana, Gino Paoli, Nico Fidenco, Tony Renis o Gianni Morandi.


Pavone, 6
En cuanto a Hispavox, aunque tenía una tendencia más afrancesada, tampoco se quedó corta distribuyendo los discos Peppino di Capri (que empezó publicando con Belter) y Gigliola Cinquetti, verdaderos monstruos ye-yé, además de editar alguna cosa de la Caselli (rivalizando de nuevo con Belter) y de artistas menos conocidos: Joe Sentieri, Carmen Villani, Claudio Lippi... Pero ya que hablamos de Peppino di Capri, recordar que tenía muchos seguidores en España y que también grabó varios himnos ye-yé, alguno incluso con versión en español, como La rubita del bar, plagado de nuestras sílabas sagradas favoritas. 

Peppino ye ye ye 64


El sello Marfer dispuso también de un amplio catálogo de cantantes italianos, que tenían como distintivo común el ser escasamente conocidos. Para comprobarlo, pregúntense cuantas personas de su círculo de amistades se acuerdan hoy día de Gigi Fumagalli (que hacía versiones de los Beatles), Vanna Scotti, Anna Identici, Mario Magni, Fausto Leali, Mino Reitano, Nello Nelli, Andrea Giordana, Orietta Berti, Edda Ollari, Roberta Amadei o Lucia Altieri. Aunque también publicó discos de otros más célebres como Fausto Leali o Iva Zanicchi,




En una línea similar, Zafiro recogió las migajas del festín, publicando discos de cantantes más cercanos a la serie B como Umberto Gioventu, Peppino Gagliardi, Umberto Napolitano, Roberta Mazzoni... 

Gagliardi 66
Mazzoni 66
Caso singular fue el del sello Tempo, que demostró un gusto exquisito publicando en 1966 dos discos (un EP y un single) de la chica super ye-yé Patrizia. Además de traerse a España a un delicioso conjunto italiano, The Modern Four, formado por dos chicos y dos chicas, al que editó un par de Eps en 1966 y 1967. Pero para singularidades, ninguna como la del sello CEM (Compañía Española de Música), cuyas estrambóticas ediciones de pop italiano merecen atención aparte, como vamos a ver enseguida.

Patri, 66











Pero la cosa no acaba aquí. Prácticamente todos los sellos discográficos españoles activos a mediados de los años 60 publicaron ediciones españolas de discos italianos, con los títulos casi siempre traducidos al castellano. Lo hicieron a pequeña escala Discophon y  las multinacionales CBS, Epic, Decca o Polydor. Pero también algunos microsellos independientes y hasta infrasellos: Sayton, que distribuyó discos del italiano Clan, Sesión, o Sintonía. 


Sello Sintonia, 69
Todo este inmenso aporte de cantantes y autores de canciones procedentes de Italia mantuvo una influencia constante en el pop español. Por ejemplo en los propios nombres que tomaban nuestros artistas, como demuestra el conjunto Los Haway San Remo (activo hacia 1964-66) o nuestra fantástica chica ye yé Mila, con un nombre a medio camino  entre el de las italianas Milva y Mina.

Raro fue el EP grabado por cantantes españoles entre 1963 y 1967 que no llevara como mínimo una canción escrita por autores italianos. Y muchas veces, de manera monográfica, las cuatro. Caso de los discos dedicados a los éxitos de San Remo que acostumbraron a grabar nuestros artistas más famosos, a veces mostrando en portada las canciones escritas en italiano (aunque fueran cantadas en castellano), porque así fardaba más. Lo hicieron, entre otros, Renata, Gelu, Los 4 de la Torre, José Guardiola, Michel, De Raymond, Lorenzo Valverde, Jaime Morey, Los Stop, Los Mustang, Jacinta y María del Carmen. Aunque muchos otros intérpretes, como Lita Torello, o Yolí, acostumbraron a llenar sus Eps de canciones italianas, no necesariamente procedentes del Festival.  

Cristina & Stop 67

Además de producir innumerables cantantes solistas, el pop italiano contó con una enorme cantidad de conjuntos, creadores de una nutrida (aunque poco conocida) escena beat, garage y soul, que llegó a ser retratada en filmes como o la co-produción hispano-italiana Per un pugno di canzoni (José Luis Merino, 1966), parodia western ye yé también conocida como Europa canta, rodada parcialmente en España, que fue capaz de juntar a Los Beatles de Cadiz con Wilma Goich, The Yardbirds o I Pelati, entre otras grandes figuras. O I Ragazzi Di Bandiera Gialla (Mariano Laurenti, 1967), otro verdadero hito del cine pop europeo. 





















A pesar de haber tenido escaso peso en las listas de éxito (tanto internacionales como de su propio país), el vasto movimiento de conjuntos italiano también exportó una pequeña parte de sus productos a España. El botín se lo repartieron las casas Belter, que publicó discos de I Giganti e I Pelati; Vergara, que fue la principal en cuestión de conjuntos, publicando a I Corvi, New Trolls, The Renegades, I Ragazzi del Sole... Y hasta algún fantástico recopilatorio de beat italiano; RCA, que publicó a The Rokes y al grupo ye-yé La Cricca; Sesión, con su rarísima edición de un single de I Corsari; o Philips, que sin apenas haber editado música italiana, publicó numerosos discos de I Dik Dik y del Equipe 84, aunque estos últimos publicaron en España también con CBS y Vergara. Los estilos importados fueron beat, pop, canción protesta y, en especial, rock garage. 


Pelati, 67

Se dio la curiosa circunstancia de que un temazo del garage norteamericano como Ain't no Miracle Worker de The Brogues nos llegó, no directamente, sino a través de su versión italiana, grabada por I Corvi con el título de Un ragazzo di strada, o Un muchacho de la calle, en el citado disco de Vergara.

(Aunque de justicia es recordar que la propia Vergara sí que publicó a otros garageros americanos como The Seeds). 


Corvi, 67




Algo similar ocurrió con el misterioso cantante franco-egipcio Ricky Shayne y su canción Uno dei mods (1965), inspirada en los disturbios entre rockers y mods que tuvieron lugar en Brighton y en otros enclaves de la costa sur de Inglaterra durante la Pascua de 1964. Aunque era un asunto cien por cien inglés, nos llegó filtrado por una canción beat italiana, que fue editada en España por RCA, que además conoció una versión española en la voz de Paco Ruano, titulada Uno de los mods (1968). 






El tema de los altercados violentos entre bandas rivales fue favorito en la particular selección de bandas italianas que llegó a España, ya que este es también el asunto de Come I Ragazzi di Via Paal, número garagero que abre el único EP de I Pelati editado en España (Belter, 1967), que venía traducido (en contraportada) como Los que dominan la ciudad. Y también de Atto di forza nº 10 del conjunto garagero I Ragazzi del Sole, que fue editado en España (por Vergara), además de ser objeto de una trepidante versión por Los Sírex, conjunto perteneciente al mismo sello, grabada en 1967 con el titulo Acto de fuerza












Junto a todo este asunto garagero, canciones como C'era Un Ragazzo Che Come Me Amava I Beatles E I Rolling Stones de Gianni Morandi (1966), Chitare Contro La Guerra (1966) de Umberto Napolitano, cantada también por Carmen Villani, o La Rivoluzione (1967), cantada por Gianni Pettenatti y por Gene Pitney, entre otras, contribuyeron poderosamente al surgimiento de un pequeño movimiento de canción protesta en España, una protesta de lo más ye-yé, alrededor del IX Festival de la Canción de Benidorm en 1967. 



















Tema que hemos desarrollado en otra entrada de nuestro blog: 

Todo este poderoso intercambio de influencias, sin embargo, apenas fluyó en sentido contrario: durante esos años, el pop español dejó una ínfima huella en el pop itálico. Los Brincos lo intentaron con algunos singles cantados en el idioma de Celentano, publicados en Italia por el sello Jolly, que pasaron sin pena ni gloria, como testimonio de un conjunto más, perdido en medio de su inmensa escena beat. Otro conjunto español consagrado, Los Bravos, llegó a participar en el Festival de San Remo de 1967, pero con un tema cantando en italiano y escrito por autores italianos, Uno come noi. Serrat grabó en italiano una versión del eurovisivo éxito compuesto por el Dúo Dinámico La, la, la, y Salomé hizo lo propio con su también eurovisivo Vivo cantando, algo bastante normal si se tiene en cuenta que lo grabó además en otros 7 idiomas. Hasta Alex Marco intentó introducir en Italia su franco-español ritmo del Bicycle, topándose con una absoluta indiferencia. 







Con este panorama resulta sorprendente que en Italia llegara a conocerse y apreciarse uno de los hits españoles más exportables de aquel momento, nada menos que la canción La chica ye-yé de Guijarro-Algueró, compuesta en 1965, verdadero éxito masivo
en los países de habla hispana, que conoció casi una veintena de versiones, aunque sean las interpretaciones grabadas por Rosalía y por Conchita Velasco las más conocidas. Pues bien, este tema fue grabado en 1965 por una cantante italiana llamada, curiosamente, Lalla Castellano, con el título Pupa ye yé, que constituye una de las pocas versiones no castellanas del tema, junto con la que en inglés grabó el conjunto griego Zoe and The Stormies, en 1966, titulada The Girl of ye yé.

Publicado en Italia en single por el sello Decca en 1965, el tema fue también editado en España (el mismo año y por el mismo sello), aunque aquí acompañado por otros tres temas, es decir, en formato EP. Una verdadera anomalía, ya que el sello Decca, multinacional británica entonces asociada al sello español Columbia, apenas publicó música italiana en nuestro país.






























Y de anomalía en anomalía: Lalla Castellano llegó a publicar un segundo EP en España, esta vez con el sello CEM (Compañía Española de Música), en 1967. Un sello que se caracterizó por editar las cosas más inverosímiles, de pop cristiano a soul sicodélico, contando además con su propio catálogo de pop italiano. Dentro de éste, publicó discos de consagrados cantantes como Nico Fidenco y Donatella Moretti, la última cantando en español, y de otros cantantes de segunda y tercera fila, como fueron propia la propia Lalla Castellano, Delfo, Loredana, Pasquale y Lady Sherry, todos ellos fechados en 1967. Los dos últimos con la peculiaridad de haber grabado sus discos en España, con unos medios bien humildes, a juzgar por el infame sonido de sus canciones. En especial el de Lady Sherry, que en realidad se llamaba Tania Anna Cortinovis, nacida en Bérgamo, amiga del conjunto I Nomadi, que estuvo trabajando en Madrid y en Torremolinos antes de firmar contrato con CEM. De su disco destacamos un auténtico número freakbeat-infra titulado Un angel vivo, cantado y berreado (literalmente) en español, una pieza imposible de sixties-soul-punk-desorientado.









Está claro que con esta avalancha de discos de artistas italos (aquí tuvimos mucha más invasione italiana que british invasion), en España dispusimos de una visión bien completa de toda la gama musical italiana de la era ye-yé. Una situación que fue decayendo en los años 70, que ya no se ha vuelto a repetir desde entonces. Porque hace ya tiempo que por estos lares es mucho más fácil conocer al último grupo, del último pueblo, del último estado de los USA, e incluso poder asistir a un concierto suyo, mientras que los canales de comunicación con la música que se hace en países vecinos están prácticamente cortados. O al menos eso parece. Pero vamos, que a mi me da igual.






domingo, 28 de enero de 2018

Tony Wells, el rock ácido de California hecho en España

Tony Wells era el seudónimo de un muchacho oriundo de Cartagena (Murcia), poeta de vocación, que a finales de los años 60 del siglo xx tuvo la oportunidad trasladarse a California para ampliar sus estudios de literatura, llegando a integrarse plenamente en el ambiente hippie de San Francisco. Tanto, que conoció al mismísimo Charles Manson, quien le aceptó en su círculo y le bautizó con el nombre de “Earth”, posiblemente en la segunda mitad de 1967, cuando sabemos que Manson residió en el barrio de Haight Ashbury de San Francisco, donde llegó a ser un personaje conocido como músico underground y seudo-gurú. Encuentro que, en cualquier caso, tuvo lugar antes de los terribles asesinatos que Manson y sus enajenados seguidores llevaron a cabo en el verano de 1969 en Los Ángeles, que le hicieron pasar el resto de su vida en la cárcel, hasta su reciente fallecimiento en noviembre de 2017.

Al margen de estas amistades peligrosas, lo cierto es que Tony regresó a España empapado hasta las cejas de la energía del San Francisco hippie y su célebre verano del amor, un fenómeno deslumbrante que también pudieron disfrutar otros poquitos españoles, entre los que se cuentan el escritor Luis Racionero y el periodista musical Jesús Ordovás. Así lo demostró, creando una banda en Madrid, formada por músicos murcianos y madrileños, con la que aseguraba pasarlo en grande, haciendo una música libre con la que hasta podía entrar en trance, y grabando un bonito disco: el single La casa del abuelo / Quiero vivir (Movieplay, 1970).


El single de Tony Wells fue producido por Clemente Tribaldos, arreglado por A. René (habitual del sello Movieplay) y editado con primor por la discográfica, incluyendo un encarte con las letras y los acordes de las canciones, ambas fruto de las inquietudes poéticas y musicales de Tony, que, no obstante, se mostró descontento con la grabación, alegando que la discográfica había recortado su libertad creativa. Fundamentalmente por la posterior adición de unos violines, sobre a la música que él mismo había ejecutado con su banda.



Con todo, el disco nos parece una muy apreciable rodaja de folk- rock-sicodélico, que es puro “San Francisco Sound”. Por suerte la sección de cuerda añadida no va más allá de un par de violines, que lejos de transformar las canciones por la vía del pop sinfónico (tan al uso en aquel momento), les otorgan un agradable aroma folk, que nos parece acorde con su estilo lírico.

La casa del abuelo, un melodioso tema interpretado en castellano, en la cara A. Y en la B, la que nos parece canción estrella, que por imposición de la discográfica llevaba el título en castellano, Quiero vivir, aunque está cantada en inglés y su título original es The Sea and The Earth. Con una introducción absolutamente salvaje, a base de batería y solo de guitarra distorsionada –un fuzz de lo más californiano, por cierto-, que literalmente te aplasta, deriva luego en evocadora balada otoñal, que bien podría haber sido grabada por alguna de las bandas de la bahía de San Francisco pertenecientes a la segunda hornada de grupos de Acid Rock, como The Sopwith Camel y hasta, si me apuras, I’ts A Beautiful day.


No en vano la banda que secundaba a Tony era también de lo más hippy. Estaba integrada por músicos como Salvador Ferrio al bajo, que tocó en la versión española del musical Hair, estrenada en junio de 1970 en la sala Picadilly de Madrid -futuro Rock-Ola- y prohibida por las autoridades poco después, con su grupo llamado Nuevo Renacimiento. El aspecto de los componentes de Tony Wells sigue resultando hoy día de lo más rompedor; viendo sus fotografías no podemos evitar recordar a sus coetáneos californianos The Seeds, o hasta a la Magic Band del Captain Beefheart, en una versión, eso sí, algo más sencilla y modesta.



Tras la salida del single y su consecuente promoción, Tony no pudo evitar relatar a la prensa musical su aventura norteamericana y su “amistad” con el asesino Manson. Algo que era completamente cierto, en primera instancia de lo más sorprendente y llamativo, acabó volviéndose en contra de la banda: esa confesión hizo que la discográfica les cerrara toda posibilidad de volver a grabar. Con lo que quedó finalizada la breve e interesantísima historia del grupo y del cantante Tony Wells.

Con ustedes, I Want To Live... 







jueves, 14 de septiembre de 2017

Estupendos Chicos Ye yé (ECHYYs)

Creamos esta entrada para recuperar la historia de los estupendos chicos ye yé españoles; una lista bien nutrida de cantantes que seguro vamos a estar elaborando durante años.... Así que mejor empezar cuanto antes. Y puestos a empezar, queremos hacerlo con los chicos más misteriosos y desconocidos, aquellos sobre los que más escasea la información. Como siempre, sería de agradecer que lectores, expertos e interesados en el tema nos regalen nuevos datos. Si pudiera ser por los propios cantantes. No nos importa que ya no seáis tan jovencitos, os seguimos admirando.





Alex Marco



Diez canciones interpretadas en varios idiomas, repartidas en cuatro EPs y tres singles, un baile de su invención, y una quincena de canciones escritas para otros cantantes, es todo lo que conocemos hasta el momento de la corta pero intensa carrera musical de Alex Marco, que apenas parece haber durado cinco años, entre 1964 y 1969. Sin que tengamos otro dato sobre sus actividades o paradero,
Alex 1966
especialmente desde los años 70 del siglo xx, no descartamos la posibilidad de seguir encontrando otras creaciones suyas. Con agradecimiento y reverencia a su fino sentido musical y a su no menos fino sentido del humor, gracias al que hemos pasado un montón de ratos divertidos.   

Las crónicas de la época describen a Alex Marco (Barcelona, 1938) como un joven de vitalidad portentosa, que era actor acreditado desde los 17 años, además de poeta, letrista, compositor, adaptador, periodista, locutor de radio…. A los 20 años se trasladó a Francia, donde tuvo que realizar todo tipo de trabajos, desde descargar sacos en la estación de tren de Lyon, a botones, ayudante de camarero y conserje en hoteles de París, ciudad en la que se estableció, logrando abrirse camino en los medios de comunicación. En 1966, a los 28 años, ya trabajaba como Jefe del Servicio de Variedades de la TV francesa para España, con 11 emisiones a la semana, y era corresponsal de Radio Nacional de España en París. Ese mismo año lanzó simultáneamente en España y en Francia el baile del Bicycle, que más que baile era una gimnasia al ritmo de la música (adelantada, por tanto, en más de una década al aerobic) con movimientos deportivos energéticos inspirados en el ciclismo. Un baile francamente agotador –véase más abajo el clip de la época que demuestra su potencia- que intentaba encontrar un hueco en el entonces saturado, cambiante y enloquecido mundillo de los bailes de moda (madison, yenka, surf, crossfire, shake, plip, pulga, ladrillo, sirtaki, bostella, giro, creep, monkey, stop-op y un largo etcétera) que se venían sucediendo sin interrupción desde el triunfo del twist.











La operación comprendió la grabación de 8 canciones entre 1966 y 1967, distribuidas en cinco discos con versiones en francés y en español: dos EPs y un single editados en España por Belter, más dos EPs editados en Francia por su propio sello independiente, Marco. Aunque existe también un single en italiano (editado por Clan) con canciones adaptadas del segundo EP; y es evidente que se tenía la intención de conquistar el mercado anglosajón, a juzgar por el título de uno de los temas de 1967, The Bike. Además, el nuevo baile fue objeto de orquestadas presentaciones. En París algunos comercios sacaron a la venta camisas “Bicycle” (para chicos) y faldas “Bicycle” (para chicas) ideales para poner en práctica este baile. En Barcelona, ciudad natal de Alex, se organizó una festiva carrera de bicicletas, con el concurso de estrellas de la canción moderna como Los 3 Sudamericanos, Ennio Sangiusto,  Patrick Jaque, Pili y Mili y Rafael Turia, que naturalmente fue ganada por Alex, creador del ritmo y autor de las canciones.

El primero de estos discos iba enfundado en una curiosa carpeta circular, que imitaba la rueda de una bicicleta. Una cosa bien marciana que exigía un trabajo más minucioso del habitual para el encolado de las dos piezas de cartón que la forman. Aquí pueden ver las ediciones francesa y española, realizadas en 1966:







Lo cierto es que la operación, promocionada por toda la prensa musical española, fue un éxito. Revistas como Tele Ritmo declararon la estupenda acogida que el Bicycle tuvo en el mundo ye yé, y reportaron el llenazo que acompañó a las actuaciones de Alex Marco en París, Barcelona y Madrid. Grupos como The Rocking Boys, llegaron a grabar sus propias versiones de los temas bicicleteros de Alex. Buena prueba de este éxito es también que los discos originales del Bicycle sean hoy fáciles de encontrar (y por tanto adquiribles a bajo precio) en el mercado de segunda mano, debido a la gran cantidad de unidades que se vendieron en su momento. Las canciones del nuevo género, el bike, eran sumamente energéticas y vigorizantes, con ritmo deportivo y melodía cinética, para evocar tanto el esfuerzo y la respiración agitada del ciclista como su movimiento a bordo de las dos ruedas, reproduciendo  ingeniosamente sus arranques, carreras, ascensos, o vertiginosos descensos, con una fantástica producción e instrumentación a cargo de la orquesta de Sam Clayton.  Y aun sin renunciar al ritmo bicicletero, su segundo disco reservaba un espacio al intimismo y la poesía con el tema Si te mentí (titulado Tu m’as menti en la versión francesa, y Deserto in spiaggia en la italiana): un delicioso tiempo medio tiempo que parecía mostrar la faceta más romántica del ciclista arquetípico, al que cabía imaginar pedaleando, ensimismado en sus propios pensamientos y emociones.

Aquí el segundo disco de la serie, en su edición francesa y española, de 1967; y un single publicado en francés en España por Belter:















Aquí la canción Si te mentí, en versión italiana


Aunque condenado a verse eternamente asociado al éxito del Bicycle, lo cierto es que Alex Marco fue más, mucho más, que el creador de un baile rápidamente pasado de moda. Hemos podido rastrear su actividad como compositor y letrista al servicio de algunos cantantes franceses, en especial de Georgie Dann.

Se dice que las energías semejantes se atraen y el caso es que Alex Marco tenía mucho que ver con Georgie Dann, un cantante igual de dinámico, imaginativo y aficionado a inventar de nuevos bailes, que llevó a cabo una hazaña similar a la realizada por Alex pero justo al revés, saliendo de Francia para asentarse en España. Alex y Georgie coincidieron en París y firmaron juntos nada menos que ocho canciones, pertenecientes a los dos primeros EPs que Georgie, bajo el apodo de “mister surf” grabó en español, ambos fechados en 1964,  que constituyen la más importante -y escasamente conocida- inmersión del cantante francés en el ye-yé. Discos grabados todavía en Francia y publicados por el sello Pathé, que fueron un preludio a su desembarco artístico en España, donde no tardó en lanzar nuevos bailes de su creación, comenzando en 1968 con el Bolava, al que seguirían muchos otros.














Alex Marco continuó ayudando a Georgie Dann durante sus primeros pasos en España, como demuestra que ambos firmen una canción del cantante Luis Recatero, perteneciente a un EP de 1964 (sin duda su disco más ye-yé), titulada Bye, Bye, olvídame, que está entre lo mejorcito de su producción.

Unos años más tarde, al mismo tiempo que Georgie lanzaba en España el baile del Bolava, Alex Marco volvió a entrar en el estudio de grabación acompañado por la francesa orquesta de Sam Fenering para registrar uno de los discos más raros, bizarros y enloquecidos de toda la historia del pop español, muy propio de su arrolladora creatividad. El artefacto se titulaba La vaca de la paz / Papá, mamá y el nene, y fue editado por el sello independiente Sintonia/Espectra/Marco en 1968. Publicado, al parecer, sólo en España, pero con canciones deudoras de su experiencia francesa, en especial la de su cara B, un estridente tema con vientos, catalogable como "freak-soul-de-protesta", con letra ácida corrosiva que ironiza sobre las nuevas generaciones y los hippies, nombrando incluso a Daniel Cohn Bendit, uno de los protagonistas de las protestas de mayo de 1968 en París; tema que, evidentemente, no se ajustaba al mínimo decoro requerido en las artes musicales de la España de los años 60, que fue censurado en todas las (muy escasas) copias del disco que se publicaron, por medio de pegatinas que impedían su reproducción. De modo que si ya es raro encontrar una copia de este disco hoy en día, encontrarlo con la cara B reproducible es prácticamente un milagro.




Lo que no llegamos a entender es cómo la cara A del disco se salvó de las pegatinas censoras, porque es otra barbaridad de pop surrealista y enloquecido, aunque, eso sí, más afinado que la cara B. Un potente número en el que Alex canta al frente de una banda de garaje, alternando el español con idiomas inventados (que quieren sonar a chino e inglés-con-acento-yankee), en una especie de conversación absurda entre líderes de potencias con el tema de la guerra fría de fondo y constantes zumbidos de bombas y explosiones, que acaba llevando una y otra vez al oyente a un estribillo con arreglo oriental: “a niki-niki-chiki-taka, quiere decir la vaca, la vaca , la vaca, la vaca de la paz”. Posiblemente parodiando el tema La paloma de la paz que el cantante valenciano de protesta Colonel Pipo había publicado un año antes en un EP del sello Sesion, ya que este disco también contiene un tema, ¡Basta ya!, que además de coincidir en el estilo ácido y garajero, está lleno de sonidos de bombas y efectos especiales. Incluso hay una semejanza en las portadas de los discos de ambos cantantes, que llevan dibujos de los animales simbólicos de la paz, ambos de color blanco: una paloma asustada entre balazos en el del Colonel y, agarrense, una vaca alada con un sujetador en las ubres (!) en el disco de Alex Marco. Y es que Alex estaba sin duda atento al mundo del pop español, gracias a su puesto en la radio y televisión francesa, donde llevaba a cabo emisiones orientadas a oyentes de habla hispana de Europa e Hispanoamérica.







La última actividad musical que conocemos de Alex se data en el año mágico de 1969 y está vinculada a la francesa Chiqui Jeff, o Chiquita, que no es sino la cantante Graziella Madrigal en sus inicios, que destacaría en los años 70 como cantante de jazz y soul con el grupo Giant y junto al instrumentista originario de los Balcanes Janko Nilovic. Pues bien, resulta que Alex impulsó, o apadrinó, como había hecho en 1964 con Georgie Dann, la entrada de Chiquita en el mercado discográfico español, a través de Belter, la discográfica que había publicado en España sus discos bicicleteros, firmando a medias con ella cuatro canciones, editadas en dos singles: Playa de Palma / J’aime… J’aime, y L’aveugle (la ciega) / Quiero alunizar junto a ti. Dos discos de pop elegante, de calidad, que cabe denominar mainstream por moverse en parámetros comunes a la música de consumo, sin descollar ni por arriba ni por abajo… Con la única excepción de Quiero alunizar junto a ti, que en nuestra opinión roza la genialidad. Un delicioso tiempo medio en la onda groove-vocal, grabado bajo la dirección del gran Janko Nilovic, con la original idea de ambientar un romance nada menos que en la luna, el planeta romántico por excelencia, aprovechando que ese mismo año los humanos habían puesto por primera vez el pie en su superficie.... Y jugando con un verbo, alunizar, tan cercano fonéticamente a ese otro, alucinar, que tan de moda seguía estando entonces a raíz de la moda psicodélica, que tanto Alex Marco, con su single La vaca de la paz de 1968, como el propio Janko Nilovic, con el LP Psyc Impressions de 1969, o posteriores grabaciones como Drug Song, prohibida en Francia, demostraban conocer de primerísima mano.





Quiero alunizar junto a ti servía muy bien para cerrar con broche dorado la década de los años 60 y también –hasta donde es conocida por nosotros- la breve y curiosa carrera musical de Alex Marco, dueño de una creatividad realmente arrolladora.





Alfredo (de Palencia)

Alfredo, nacido en 1941, fue cantante activo a mediados de los años 60, período en que grabó al menos tres discos: dos EPs para el sello Columbia, fechados en 1963 y 1965, y un single para BCD, fechado en 1968. En total diez canciones, todas ellas compuestas y arregladas por un mismo autor, Rafael Royo Abril, que además era director de la orquesta que acompañó al cantante en todas sus grabaciones. 

Hemos encontrado una breve referencia sobre este compositor que falleció en 2007, a los 70 años de edad (nacido en 1937), en la que se dice que nació en Palencia, donde regentaba un negocio familiar -una imprenta- que le impidió dedicarse por completo a la música, y que tenía un hermano llamado Alfredo. Puede verse aquí: 

http://www.elnortedecastilla.es/v/20110412/palencia/rafael-royo-rotario-melomano-20110412.html

Da la impresión, por tanto, de que el compositor Rafael Royo era el hermano mayor del cantante Alfredo, como indica que ambos estén indisolublemente ligados en los tres discos, a pesar de haber sido editados por sellos distintos. Así lo indica también que Alfredo sea de la misma ciudad que Rafael, ya que en su tercer disco se rebautiza como Alfredo de Palencia, sin duda en referencia a su lugar de origen y también para distinguirse del otro Alfredo, cantante melódico y ye-yé, este originario de Bilbao, que desarrolló una amplia actividad discográfica y musical -con el sello Philips- hacia 1964-1973.   





















Los dos primeros EPs de Alfredo testimonian el buen hacer de la orquesta de Rafael Royo, que aborda de manera impecable estilos como el fox, el surf, el swing, el twist o la bossa nova, con un sonido lleno de colores y de esmerados arreglos, en los que predomina la sección de viento. Siempre acompañando la "espléndida voz grave aterciopelada" de Alfredo, calificada de ese modo (y con razón) en la contraportada de su segundo disco. Destaca en éste el surf ¿Quieres ser mi novia?, luminoso, alegre, discretamente ye-yé, con una temática bien propia del género: la declaración de amor de un chico a una chica, en medio de un jardín, donde "los olmos de la alameda, los rosales en flor, las acacias y los sauces, presenciaron tu rubor". 

Después de este disco de 1965 perdemos la pista a Alfredo y a Rafael hasta el mes de septiembre del año 1968, en que ambos concursaron en el Primer Festival de la Canción de Ultramar, que intentaba instaurar en la ciudad de Melilla un certamen similar a los que ya se venían realizando anualmente en Benidorm, Barcelona, Aranda de Duero, Orense y Puerto de la Cruz. El evento convocó un interesante elenco de cantantes, entre los que destacamos a Eva, Adolfo de Ancos, Robert Jeantal, Manuel Davilla y Juan José, que compartían con Alfredo un pasado más o menos ye-yé.

El festival fue oficialmente ganado por la canción Giovanna, escrita por Fina de Calderón, poetisa aristócrata que incansablemente concurrió a todos los festivales habidos y por haber -hay constancia de ello en su libro Mis canciones festivaleras de los años 60- sin lograr alcanzar nunca el primer premio, con la única excepción de este festival de Melilla, cuya victoria fue al parecer amañada con muy malas artes, según se cuenta en el siguiente enlace:

http://www.guateque.net/1festivalcancionultramar.htm

El caso es que se desconoce qué cantante pudo interpretar este tema, que inicialmente no figuraba entre los concurrentes. La compositora Fina de Calderón se sirvió siempre de artistas de primera fila para defender sus canciones en los festivales, incluyendo a Alberto Cortez, Marty Cosens, Mirla, Francisco Valverde, Francisco Heredero, Frida Boccara... Pero ni por esas. Sabemos tan sólo que esta canción, Giovanna, había sido interpretada con anterioridad por el gran Tony Obrador, ya que ocupa la cara B de un single suyo de 1966. Y sabemos también que es otra de las canciones melodramáticas que de manera invariable acostumbró a componer esta autora, porque Fina de Calderón no era nada ye-yé.



Igualmente se desconoce la canción que ganó el segundo premio del festival. Tan solo hemos podido averiguar que una de ellas, Ventanas abiertas, interpretada por otro de nuestros cantantes favoritos, Juan José, recibió el "Premio Especial de la Crítica" (véase la entrada relativa a este cantante), lo que podría apuntar una vez más a la actuación irregular del jurado.

Lo que sí que sabemos es que el tercer premio (¿debería haber sido en realidad el primero?) fue otorgado a nuestro Alfredo, que concurrió con las canciones Mi barca de pescador y Un mundo ye yé, ambas compuestas como era habitual por su (presunto) hermano. Canciones que fueron grabadas y editadas en un EP por el microsello BCD, en cuya portada se anunciaba (sólo en algunas copias) el asunto festivalero, aunque sin explicitar cual de esas dos canciones había sido la premiada. Para nosotros, hoy día, no hay duda: gana, y con mucha ventaja, el tema de la cara B, Un mundo ye yé, que perpetúa el sonido característico de la orquesta de Rafael Royo, esta vez con una letra de carácter reivindicativo en plan sátira suave, que se apuntaba a la moda de la canción protesta defendiendo a la juventud frente al mundo de los adultos, y promulgando la difusión del amor y la paz a escala universal. Una una revolución amable, que correspondía realizar a los jóvenes. Temática muy propia de aquel momento, cuando los temas del victimismo juvenil, la oposición a los adultos y el pacifismo ocuparon numerosas canciones en el mundo pop, particularmente entre las bandas de garage, pero no sólo, ya que fueron temas clave entre las canciones que concurrieron, por ejemplo, a los Festivales de San Remo 66 y de Benidorm 67. Sólo en el pop español, esta canción encuentra paralelos en temas grabados hacia 1967-69 por Albert Band, Colonel Pipo, Adolfo Ventas, el Dúo Dinámico, Luciana Wolf, Los Pasos, Sylvia Nelson, Ellas o Las Cuatro Monedas.























Gracias, Alfredo de Palencia y Rafael Royo por confiar en que algún día podamos instaurar el Paraíso en la Tierra. Nosotros también queremos un mundo ye-yé. Abrazos cordiales para todo el universo y más allá.











Francisco José



F. J., 1968
Discos Mercedes, 1963
Discos Mercedes, 1963
Son muy escasos los datos que hemos podido recopilar sobre este interesante cantante que grabó apenas cuatro singles y otras canciones sueltas en discos compartidos, publicados entre los años 1963 y 1968. Todo apunta a que era un cantante profesional, curtido desde jovencito en salas de fiesta en Madrid, donde realizó sus primeras grabaciones. Que al parecer son dos canciones de corte romántico incluidas en un EP de 1963, publicado por el microsello madrileño Mercedes, escritas por compositores habituales del infraselismo castizo como Tonio Monti y Ramón Arango; el cantante acreditado en dos temas de este disco, que ocupan su cara B, se llama Francisco José, y su timbre de voz en nada contradice que pueda ser el mismo Francisco José que iba a ser lanzado como estrella solista pocos años más tarde, que aquí actuaba todavía en unas condiciones absolutamente precarias. El sonido del disco es tan malo y cavernario que los temas de su cara A, dos números de twist instrumental, bien podrían catalogarse de garaje-twist. Puro andergraun.



La siguiente aventura discográfica que detectamos en su carrera no fue mucho más lujosa: se trata de uno de esos LPs comerciales característicos de la serie B, con versiones de éxitos del momento interpretadas por músicos y cantantes desconocidos. Se llamaba Éxitos de 1966 y fue editado también por un infrasello de Madrid, Discorama, con versiones de Adamo, los Beatles, Polnareff, Los Brincos, Nancy Sinatra, el Dúo Dinámico, etc.... A cargo de la Orquesta "Rhitmum", nada menos.


Aunque algunas versiones eran instrumentales, la mayoría estaban interpretadas por cantantes, con sus nombres, afortunadamente, acreditados: Alejandro, Elvira y Francisco José. Si del primero no sabemos absolutamente nada, la segunda es sin duda Elvira, chica ye yé valenciana que había militado en el conjunto Los Caliope, que dejó una breve carrera discográfica en el sello Berta (el rey de los infrasellos) entre 1965 y 1967, lo que de repente convierte a este disco en una interesante pieza de coleccionismo, encantadora por la discreción de medios con que está realizado.  Sobre todo porque el tercer cantante que interviene es, esta vez sin el menor asomo de duda, nuestro Francisco José, que aquí pone su poderosa voz nasal a una versión de Tom Jones (Un hombre llorará), dentro del género melódico que le caracterizaba, y también a una sorprendente versión en castellano del Monday, monday de The Mamas and the Papas, de la que sale bien airoso, siendo capaz de sustituir él solito, con su poderosa presencia, el muro de sonido coral creado por las voces del cuarteto en el tema original, sin que nada se eche en falta.





Es posible que su trabajo con Discorama y su contacto con la cantante Elvira favorecieran que  Francisco José pudiera publicar al año siguiente su primer disco en solitario, con el mismo sello -Berta- en que grababa la cantante valenciana. La discográfica era otro de los sellos independientes del momento, así mismo de carácter humilde con respecto a las multinacionales, aunque hacia 1966-67 contaba en su catálogo con cantantes y conjuntos nada desdeñables del pop patrio (Los Saltamontes, Los Roberts, Los Angeles Azules, Kurt Savoy, Los Tricolores) y, lo más importante, servía productos grabados y presentados con unas mínimas condiciones de calidad. Lo cierto es que la historia del sello Berta es digna de atención: en los años sucesivos siguió apostando fuerte por el pop español, grabando interesantes propuestas, altamente valoradas en nuestros días (Los Paletos, Los Aguilas Reales, Seres y Sueños, Los Millers), junto a una infinidad de orquestas y solistas del submundo de la serie Z. Pero volviendo a nuestro tema, está claro que el fichaje con Berta significó todo un salto en la carrera de Francisco José; téngase en cuenta que muchos de los artistas que como él habían grabado para sello Discorama en 1965 y 1966, como Los Super ye yé, Sarita Luna y Francisco Lario (también en LPs de versiones), sólo pudieron aspirar a ver publicados sus trabajos en  EPs de la serie Disco Sorpresa Fundador.


El primer disco de Francisco José en solitario fue un single, con los títulos Derrochas alegría / Aturdido (Berta 1967), escritos por los desconocidos autores Rodríguez Montané y M. Morales. Dos temas románticos que parecen pensados para la fase baile agarrao del guateque, que no nos parecen nada del otro jueves aunque en ellos Francisco tuvo la oportunidad de exhibir con toda dignidad sus poderosas dotes vocales. Y está claro que alguien se percató de ellas, porque al año siguiente nuestro querido cantante fue lanzado al estrellato con toda una operación comercial orquestada por el sello Emi Regal, que incluyó la grabación de tres singles, esta vez sí, con todo lujo de medios: Trasplante de corazón / El chiribaila; Yo canto / Mil amores; y Cupido / Cuando creas, publicados todos en 1968.

Fichar con Emi suponía codearse con compañeros de sello discográfico superventas como Gelu, Georgie Dann, Bruno Lomas, Los Mustang o Los Salvajes, y también grabar canciones escritas por autores de primer línea como el argentino Roberto Sciammarella (creador de, por ejemplo, la archiconocida Tres Cosas (Salud, Dinero y Amor) llevada a la fama por Los Stop en el 67) y Jesús Vasallo (que escribió para Ana Kiro, Los Gritos o Cristina, entre otros), quienes firman las canciones del primer single: dos números festivos, ingeniosos y resultones, el segundo de los cuales, El Chiribaila, fue grabado también por otro grupo compañero de sello, Los 5 del Este. Temas que al parecer no tuvieron repercusión alguna, que a pesar de rozar lo encantadoramente friki -"Me llaman el Chiribaila, el Chiribaila, el Chiribaila, el Chiri por lo que charlo y el baila por lo que bailo"- están interpretados de manera tan impecable, con verdadero lujo instrumental y tanta corrección, que no debieron llamar la atención de nadie.


Mucho más redondo nos parece el siguiente single, con el que Francisco concursó en el IV Festival de la Canción del Miño, encabezado por Yo canto, un número de protesta ye yé, con letra humanista esperanzadora, a la moda de la protesta pop que se difundió en España entre 1967 y 1968, siendo cultivada por gran cantidad de grupos y solistas. Que lleva en la cara B un tremendo número soul, Mil amores, escrito de nuevo por Jesús Vasallo, que fue grabado también por el trio Los Mismos, aunque la versión de Francisco José es con diferencia la mejor. Tema que derrocha energía, que tiene como base una poderosa sección rítmica y de vientos, tal como mandaba la moda del soul que hacía furor en España en 1968, aunque todavía con esa ingenuidad e inmediatez característica del ye yé, que nos llevan a calificar este tema de Soul Ye-Yé, sin duda uno de los mejores que se hicieron de este micro-género y que situaría al lado del tremendo Más vueltas que la oreja de Michel.



Aquí el tema Mil amores:



Se despidió Francisco José de su breve carrera discográfica con un tercer single para Emi, que dignamente podría considerarse como su obra de madurez (suena a chiste cuando casi toda su producción se concentra en el año 1968, pero es que es verdad, sus tres singles con Emi reproducen esa evolución artística, del primer ensayo de juventud a la sabiduría de la madurez, ja, ja). De nuevo un numero de soul ye yé en la cara A, Cupido, más calmado y poético que el anterior; y en la B, Cuando creas, un dulce tiempo medio con vientos que algún animal como yo se atrevería a comparar con los Bloood Sweat & Tears del LP Children Is Father To The Man pero en versión reducida y formato single, que fue escrita por Aniano Alcalde, prolífico autor de canciones de pop español al que se debe, entre otros muchos éxitos, el hit Vivo cantando con que Salomé concursó en Eurovisión 69.


Después de estos discos perdemos la pista del cantante. Se ve que lo intentó, no logró el éxito y.... ¿se dedicó a otra cosa? Sea como sea, gracias Francisco José. Nos encantas.











Juan José 

La primera mitad de los años 60 del siglo xx fue la época de los llamados
“niños prodigio”, criaturas excepcionalmente dotadas para el canto que también fueron estrellas cinematográficas, convenientemente explotadas por la industria española del entretenimiento hasta que se hicieron mayores. A los monumentales éxitos de Joselito y Marisol, que grabaron sus primeros discos en 1958 y 1960 respectivamente, siguieron los lanzamientos de las niñas Maleni Castro (1961), Rocío Dúrcal (1962), Morucha (1962), Estrellita (1962), María Cinta (1963), Ana Belén (1964), Alicia Granados (1964) o, más tardíamente, Mónica (1967). El cantante Juan José surgió precisamente de este caldo de cultivo, aunque su trayectoria dejaría una impronta notablemente menor que sus colegas: los únicos datos que hemos podido encontrar sobre su biografía proceden en su práctica totalidad de las contraportadas de sus discos.

Juan José se llamaba en realidad Antonio Mingorance y comenzó en el mundo de la canción con apenas 10 años, en 1961, tras ser descubierto por el empresario artístico, locutor y rapsoda Ricardo Ardévol (1926-2017), que fue representante de Mary  Santpere, Cassen y los Hemanos Calatrava, entre muchas otras actividades vinculadas al mundo del espectáculo. Dedicado por completo al flamenco y a la canción española en su primera etapa, fue una especie de nuevo Joselito, que en vez de proceder de Andalucía surgió en Cataluña, ya que era originario de San Carlos de la Rápita en la provincia de Tarragona, de donde también procedía su descubridor Ricardo, nacido en Falset y formado en Reus.


Sus primeros pasos profesionales estuvieron vinculados a la productora cinematográfica IFISA, de Barcelona, con la que rodó dos películas musicales,Las travesuras de Morucha (Ignacio F. Iquino, 1962) y Un demonio con Ángel (Miguel Lluch, 1963), acompañado por dos niñas cantantes y actrices: Morucha en la primera y Maribel Ayuso en la segunda. Ambas películas fueron objeto de una amplia promoción que incluyó la edición de tres discos (EPs) con las canciones de sus respectivas bandas sonoras. En la contraportada de uno de éstos, perteneciente a la primera película, se cita la edad de Juan José (11 años) en un párrafo sobre su origen artístico que subraya el paralelismo con Joselito: un día entró en la taberna de su pueblo y se puso a cantar. Luego pasó la gorra. Lo hizo un poco por juego y un mucho por hambre. Lágrimas y asombro produjeron su espontánea actuación. De allí al triunfo… Un paso.
















En paralelo con el rodaje de su segunda película, Juan José firmó un nuevo contrato para actuar en Venezuela, a donde viajó en 1963 junto a su manager y tutor. En Caracas se convirtió inmediatamente en estrella de la radio y la televisión, hizo giras por varios países del entorno (llegó a ser muy popular en Puerto Rico) y hasta rodó una nueva película, Pequeño milagro, dirigida por Juan Corona, que se estrenó en 1964. La aventura americana incluyó la grabación de un flamante LP, Juan José, fechado en 1963, también conocido por el título de su primer tema, Copla y oración, que fue publicado en distintas versiones en Venezuela, en Colombia y en Perú (con sus correspondientes singles) por los sellos Vene-Vox y Sono-Radio, en España por el sello Montilla, e incluso en los Estados Unidos, con el título This Is Juan José, por CBS. Un disco ocupado por canciones de copla y flamenco, algunas procedentes de sus películas españolas pero grabadas de nuevo, junto con una sola concesión a los ritmos modernos, el tema Chiquilla Twist, que anticipaba el cambio de dirección que iba a experimentar su carrera a la vuelta de América.


El primer testimonio del retorno de Juan José a España fue un EP para Belter, fechado en 1966, con cuatro canciones que tenían poco que ver con su pasado flamenco y mucho más con el ye-yé. Incluía Me has enamorado, tema firmado por el célebre cantante Alberto Cortez; La espera, balada con la que concurrió al Primer Festival de la Canción del Atlántico, celebrado en 1966 en Puerto de la Cruz (Tenerife), donde obtuvo un nada despreciable tercer premio; Oso corredor, una excelente versión de Running Bear, tema llevado a la fama por Johnny Preston en 1960, objeto de numerosas versiones posteriores, sobre una historia de amor entre una india y un indio nativos americanos; y Que lo pases bien, firmado por el cantante Torrebruno, un fantástico número ye-yé, mucho más logrado que las versiones del mismo que también grabaron Rosalía (en 1965) y el propio Torrebruno (en 1968). En la portada de disco Juan José mostraba todavía un aspecto aniñado –contaba entonces 15 o 16 años-, aunque su  poderosa y afinada voz acusaba ya el cambio de la pubertad, una transformación paralela a su cambio de estilo. 



Aquí tienen su versión de Que lo pases bien, con ritmo sincopado y un órgano de lo más juguetón;






Al año siguiente Juan José confirmó su interés por integrarse plenamente en el pop (algo que no le ocurrió en cambio a Joselito), apareciendo con imagen bien moderna al frente de un conjunto (Los Xingus) y además promocionando un nuevo baile de moda. El baile se llamaba Stop-Op y había sido inventado en 1966 en Francia por Aimé Barelli, aunque sin obtener demasiada repercusión en Europa, ni siquiera en su propio país. Juan José lo introdujo en España coincidiendo con los lanzamientos de otros dos enloquecidos bailes: el Bicycle por Alex Marco, y el Copito de nieve por Alfredo. Se puede pensar que el Stop-Op era la última bobada para mover el esqueleto surgida en las discotecas europeas, pero la verdad es que el invento no carecía de gracia, sobre todo en la interpretación de Juan José y sus Xingus. Cancioncillas melodiosas surcadas por periódicos silencios (los stops), aderezadas con organillo y vientos, con un aire encantador, más dulce al menos que la versión instrumental del Stop-Op grabada por Rudy Ventura, su principal competidor en la difusión del baile galo.













El cambio de rumbo debió implicar también un cambio de residencia, ya que a partir de 1967 Juan José grabó para el sello independiente madrileño Sintonía. Con este publicó dos canciones stop, en formato single y también en un EP, que se completaba con otros dos temas que, frente a todo pronóstico, eran versiones de canciones cinematográficas: el clásico I Got Rythm de Gershwin, originaria de Broadway y popularizada mundialmente por su inclusión en la banda sonora de Un americano en París  (1951) –aunque también por grabarla The Happenings en 1967-; y el tema principal de la película Grand Prix (1966). Versiones ambiciosas para las que la garganta de Juan José –y también las gargantas de Los Xingus- estaban sobradamente preparadas.


Estas grabaciones, poco comerciales y publicadas por un sello independiente con escasa distribución, no debieron tener la más mínima repercusión en cuanto a ventas o fama, por lo que Juan José intentaría recuperarse al año siguiente sucumbiendo a esa fatal tentación tan contraria al ye-yé: la balada romántica festivalera. Teniendo en cuenta que en 1966 había quedado tercero en el I Festival de la Canción del Atlántico, se presentó en 1968 a otros dos festivales: el de la Canción de la Costa del Sol y el de la Canción de Ultramar, ambos en sus primeras ediciones, sin lograr nada más allá que un “premio especial de la crítica” en el segundo de ellos. Que, dicho sea de paso, fue un festival amañado (véase entrada relativa a Alfredo de Palencia). El sello Espectra, derivación de Sintonía en 1968, se encargó de publicar dos singles con las cuatro canciones concursantes, dando lugar a dos discos bastante aburridos, que nuevamente cerraban un ciclo en la carrera de Juan José. Tanto, que el cantante pareció abandonar la música. Se desconocen otras grabaciones posteriores suyas hasta el LP Yo soy la rumba Flamenca, publicado en 1975 en Perú por el sello Sono-Radio, lo que demuestra que en los años70 lo intentó de nuevo, retornando a los países y a los estilos que más réditos le habían dado en los 60.
















Los pocos enlaces de internet que dedican alguna atención a Juan José, le confunden con otros artistas del mismo nombre que estuvieron activos en los años 70. Un Juan José y sus guitarras, que era bastante mayor que él; otro Juan José, cantante de rumba gitano, que grabó para Columbia; y un José Juan, cantautor extremeño producido por Fernando Arbex, que grabó para Pax y RCA.