jueves, 14 de septiembre de 2017

Estupendos Chicos Ye yé (ECHYYs)

Creamos esta entrada para recuperar la historia de los estupendos chicos ye yé españoles; una lista bien nutrida de cantantes que seguro vamos a estar elaborando durante años.... Así que mejor empezar cuanto antes. Y puestos a empezar, queremos hacerlo con los chicos más misteriosos y desconocidos, aquellos sobre los que más escasea la información. Como siempre, sería de agradecer que lectores, expertos e interesados en el tema nos regalen nuevos datos. Si pudiera ser por los propios cantantes. No nos importa que ya no seáis tan jovencitos, os seguimos admirando.




Alex Marco



Diez canciones interpretadas en varios idiomas, repartidas en cuatro EPs y tres singles, un baile de su invención, y otras doce canciones escritas para otros cantantes, es todo lo que conocemos hasta el momento de la corta pero intensa carrera musical de Alex Marco, que apenas parece haber durado cinco años, entre 1964 y 1969. Sin que tengamos otro dato sobre sus actividades o paradero,
Alex 1966
especialmente desde los años 70 del siglo xx, no descartamos la posibilidad de seguir encontrando otras creaciones suyas. Con agradecimiento y reverencia a su fino sentido musical y a su no menos fino sentido del humor, gracias al que hemos pasado un montón de ratos divertidos.   

Las crónicas de la época describen a Alex Marco (Barcelona, 1938) como un joven de vitalidad portentosa, que era actor acreditado desde los 17 años, además de poeta, letrista, compositor, adaptador, periodista, locutor de radio…. A los 20 años se trasladó a Francia, donde tuvo que realizar todo tipo de trabajos, desde descargar sacos en la estación de tren de Lyon, a botones, ayudante de camarero y conserje en hoteles de París, ciudad en la que se estableció, logrando abrirse camino en los medios de comunicación. En 1966, a los 28 años, ya trabajaba como Jefe del Servicio de Variedades de la TV francesa para España, con 11 emisiones a la semana, y era corresponsal de Radio Nacional de España en París. Ese mismo año lanzó simultáneamente en España y Francia el baile del Bicycle, que más que baile era una gimnasia al ritmo de la música (adelantada por tanto en más de una década a la moda del aerobic) con movimientos deportivos energéticos inspirados en el ciclismo. Un baile francamente agotador –véase más abajo el clip de la época que demuestra su potencia- que intentaba encontrar un hueco en el entonces saturado, cambiante y enloquecido mundillo de los bailes de moda (madison, yenka, surf, crossfire, shake, plip, pulga, ladrillo, sirtaki, bostella, giro, creep, monkey, stop-op y un largo etcétera) que se venían sucediendo sin interrupción desde el triunfo del twist.
















La operación comprendió la grabación de 8 canciones entre 1966 y 1967, distribuidas en cinco discos con versiones en francés y en español: dos EPs y un single editados en España por Belter, más dos EPs editados en Francia por su propio sello independiente, Marco. Aunque existe también un single en italiano (editado por Clan) con canciones adaptadas del segundo EP; y es evidente que se tenía la intención de conquistar el mercado anglosajón, a juzgar por el título de uno de los temas de 1967, The Bike. Además, el nuevo baile fue objeto de orquestadas presentaciones. En París algunos comercios sacaron a la venta camisas “Bicycle” (para chicos) y faldas “Bicycle” (para chicas) ideales para poner en práctica este baile. En Barcelona, ciudad natal de Alex, se organizó una festiva carrera de bicicletas, con el concurso de estrellas de la canción moderna como Los 3 Sudamericanos, Ennio Sangiusto,  Patrick Jaque, Pili y Mili y Rafael Turia, que naturalmente fue ganada por Alex, creador del ritmo y autor de las canciones.

Lo cierto es que la operación, promocionada por toda la prensa musical española, fue un éxito. Revistas como Tele Ritmo declararon la estupenda acogida que el Bicycle tuvo en el mundo ye yé, y reportaron el llenazo que acompañó a las actuaciones de Alex Marco en París, Barcelona y Madrid. Grupos como The Rocking Boys, llegaron a grabar sus propias versiones de los temas bicicleteros de Alex. Buena prueba de este éxito es también que los discos originales del Bicycle sean hoy fáciles de encontrar (y por tanto adquiribles a bajo precio) en el mercado de segunda mano, debido a la gran cantidad de unidades que se vendieron en su momento. Las canciones del nuevo género, el bike, eran sumamente energéticas y vigorizantes, con ritmo deportivo y melodía cinética, para evocar tanto el esfuerzo y la respiración agitada del ciclista como su movimiento a bordo de las dos ruedas, reproduciendo  ingeniosamente sus arranques, carreras, ascensos, o vertiginosos descensos, con una fantástica producción e instrumentación a cargo de la orquesta de Sam Clayton.  Y aun sin renunciar al ritmo bicicletero, su segundo disco reservaba un espacio al intimismo y la poesía con el tema Si te mentí (titulado Tu m’as menti en la versión francesa, y Deserto in spiaggia en la italiana): un delicioso tiempo medio tiempo que parecía mostrar la faceta más romántica del ciclista arquetípico, al que cabía imaginar pedaleando, ensimismado en sus propios pensamientos y emociones.



















Aunque condenado a verse eternamente asociado al éxito del Bicycle, lo cierto es que Alex Marco fue más, mucho más, que el creador de un baile rápidamente pasado de moda. Hemos podido rastrear su actividad como compositor y letrista al servicio de algunos cantantes franceses, en especial de Georgie Dann.

Se dice que las energías semejantes se atraen y el caso es que Alex Marco tenía mucho que ver con Georgie Dann, un cantante igual de dinámico, imaginativo y aficionado a inventar de nuevos bailes, que llevó a cabo una hazaña similar realizada por Alex pero justo al revés, saliendo de Francia para asentarse en España. Alex y Georgie coincidieron en París y firmaron juntos nada menos que ocho canciones, pertenecientes a los dos primeros EPs que Georgie, bajo el apodo de “mister surf” grabó en español, ambos fechados en 1964,  que constituyen la más importante -y escasamente conocida- inmersión del cantante francés en el ye-yé. Discos grabados todavía en Francia y publicados por el sello Pathé, que fueron un preludio a su desembarco artístico en España, donde no tardó en lanzar nuevos bailes de su creación, comenzando en 1968 con el Bolava, al que seguirían muchos otros.















Al tiempo que Georgie lanzaba el Bolava en España, Alex Marco volvió a entrar en el estudio de grabación acompañado por la francesa orquesta de Sam Fenering para registrar uno de los discos más raros, bizarros y enloquecidos de toda la historia del pop español, muy propio de su arrolladora creatividad. El artefacto se titulaba La vaca de la paz / Papá, mamá y el nene, y fue editado por el sello independiente Sintonia/Espectra/Marco en 1968. Publicado, al parecer, sólo en España, pero con canciones deudoras de su experiencia francesa, en especial la de su cara B, un estridente tema con vientos, catalogable como "freak-soul-de-protesta", con letra ácida corrosiva que ironiza sobre las nuevas generaciones y los hippies, nombrando incluso a Daniel Cohn Bendit, uno de los protagonistas de las protestas de mayo de 1968 en París; tema que, evidentemente, no se ajustaba al mínimo decoro requerido en las artes musicales de la España de los años 60, que fue censurado en todas las (muy escasas) copias del disco que se publicaron, por medio de pegatinas que impedían su reproducción. De modo que si ya es raro encontrar una copia de este disco hoy en día, encontrarlo con la cara B reproducible es prácticamente un milagro.




Lo que no llegamos a entender es cómo la cara A del disco se salvó de las pegatinas censoras, porque es otra barbaridad de pop surrealista y enloquecido, aunque, eso sí, más afinado que la cara B. Un potente número en el que Alex canta al frente de una banda de garaje, alternando el español con idiomas inventados (que quieren sonar a chino e inglés-con-acento-yankee), en una especie de conversación absurda entre líderes de potencias con el tema de la guerra fría de fondo y constantes zumbidos de bombas y explosiones, que acaba llevando una y otra vez al oyente a un estribillo con arreglo oriental: “a niki-niki-chiki-taka, quiere decir la vaca, la vaca , la vaca, la vaca de la paz”. Posiblemente parodiando el tema La paloma de la paz que el cantante valenciano de protesta Colonel Pipo había publicado un año antes en un EP del sello Sesion, ya que este disco también contiene un tema, ¡Basta ya!, que además de coincidir en el estilo ácido y garajero, está lleno de sonidos de bombas y efectos especiales. Incluso hay una semejanza en las portadas de los discos de ambos cantantes, que llevan dibujos de los animales simbólicos de la paz, ambos de color blanco: una paloma asustada entre balazos en el del colonel y, agarrense, una vaca alada con sujetador en las ubres en el disco de Alex Marco. Y es que Alex estaba sin duda atento al mundo del pop español, gracias a su puesto en la radio y televisión francesa, donde llevaba a cabo emisiones orientadas a oyentes de habla hispana de Europa e Hispanoamérica.







La última actividad musical que conocemos de Alex se data en el año mágico de 1969 y está vinculada a la francesa Chiqui Jeff, o Chiquita, que no es sino la cantante Graziella Madrigal en sus inicios, que destacaría en los años 70 como cantante de jazz y soul con el grupo Giant y junto al instrumentista originario de los Balcanes Janko Nilovic. Pues bien, resulta que Alex impulsó, o apadrinó, como había hecho en 1964 con Georgie Dann, la entrada de Chiquita en el mercado discográfico español, a través de Belter, la discográfica que había publicado en España sus discos bicicleteros, firmando a medias con ella cuatro canciones, editadas en dos singles: Playa de Palma / J’aime… J’aime, y L’aveugle (la ciega) / Quiero alunizar junto a ti. Dos discos de pop elegante, de calidad, que cabe denominar mainstream por moverse en parámetros comunes a la música de consumo, sin descollar ni por arriba ni por abajo… Con la única excepción de Quiero alunizar junto a ti, que en nuestra opinión roza la genialidad. Un delicioso tiempo medio en la onda groove-vocal grabado bajo la dirección del gran Janko Nilovic, con la original idea de ambientar un romance nada menos que en la luna, el planeta romántico por excelencia, aprovechando que ese mismo año los humanos habían puesto por primera vez el pie en su superficie. Y jugando con un verbo, alunizar, tan cercano fonéticamente a ese otro, alucinar, que tan de moda seguía estando entonces a raíz de la moda psicodélica, que tanto Alex Marco con su single La vaca de la paz de 1968, como el propio Janko Nilovic, con el LP Psyc Impressions de 1969 o posteriores grabaciones como Drug Song, prohibida en Francia, demostraban conocer de primerísima mano.





Quiero alunizar junto a ti servía muy bien para cerrar con broche dorado la década de los años 60 y también –hasta donde es conocida por nosotros- la breve y curiosísima carrera musical de Alex Marco, dueño de una creatividad realmente arrolladora.




sábado, 4 de febrero de 2017

Carteles Sicodélicos en España

Buena prueba de las limitaciones que tiene la mente humana y de lo errados que suelen ser sus juicios y conceptos son los tópicos repetidos hasta el aburrimiento sobre el aislamiento cultural que sumía a España durante la dictadura de Franco. Por lo menos a finales de los años 60 del siglo xx, este país demostró ser mucho más permeable a la influencia foránea de lo que suele creerse. Bien es cierto que la tradición católica seguía pesando como una losa, que la censura vigilaba y que la moral dictaba unas costumbres rígidamente ancladas en el pasado, pero está claro que no se funcionaba de igual manera en los ambientes patriarcales del medio rural que en los rompedores clubes ye yé de Madrid, por poner un ejemplo. Aquí había verdadera hambre de modernidad, unas ganas enormes de empaparse de las modas que se cocían en el extranjero; un mundo que tendíamos a idealizar. Porque tampoco en esto debemos engañarnos, con otro tópico: que todo lo que venga de fuera ha de ser siempre lo mejor, en cuanto a libertades y creatividad se refiere. En esa época, por ejemplo, los melenudos eran perseguidos con la misma saña en (casi) todas partes; ya fuera en Dallas, en Verona o en Condemios de Abajo.



Pero vamos ya con lo que aquí  nos interesa, las artes visuales de los últimos años sesenta en España, tan diversas, polifacéticas y florecientes que hasta generaron toda una escuela de cartelistas psicodélicos, a imagen y semejanza de las que funcionaban en Gran Bretaña y los EUA. Y casi, casi, al mismo tiempo, ya que el momento culminante de la ilustración sicodélica en España tuvo lugar en 1968. Y es que las artes visuales autóctonas habían empezado a manifestar la influencia de la sicodelia en una fecha tan temprana como 1966, en un campo especialmente permeable como era el diseño de portadas de discos.

Els 3 Tambors, 1966

Como siempre, los Beatles acababan de marcar la pauta: la portada de su LP Rubber Soul (1965), con una foto en picado del conjunto, composición en diagonal y unas letras de color rojo elásticas, constituía todo un atentado contra los diseños ortogonales que hasta entonces habían prevalecido. Nada volvería a ser igual desde entonces en las portadas de los discos.

La Polaca, 1966
Dos primerizos ejemplos de esta nueva estética en España se debieron, por un lado, a la descomunal y excesiva casa Belter, en Barcelona, que tanto iba a aportar al diseño sicodélico en los años sucesivos, con la portada del primer EP de Els 3 Tambors, un conjunto catalán en la onda dylaniana; y por otro lado, el vanguardista y lujoso sello Sonoplay, en Madrid, con la carpeta verdaderamente rompedora de un EP de La Polaca, guapa actriz y cantaora flamenca, que fue tildada en su momento de flamenca ye yé. Ambos discos fechados en 1966, mostraban un estilo nunca visto hasta el momento por estos lares.


Novola 67
Columbia 67
Vergara 67



A partir de tales antecedentes, las discográficas españolas parecieron rivalizar entre sí buscando el diseño más sicodélico y artepop, sin que importara mucho el contenido del vinilo o el artista al que presentaban. Sorprende, por ejemplo, que haya discos de rumba clásica enfundados en carpetas netamente sicodélicas, incluso discos de cantantes melódicos italianos y argentinos presentados de una guisa semejante. Entre 1967 y 1968 casi nadie se salvó de la nueva moda, tampoco, por supuesto, los discos de conjuntos foráneos, que se editaron con maravillosas portadas originales, exclusivamente made in Spain. No todo era de la máxima calidad (sellos como Belter y CEM tendieron a lo estridente y kitsch), pero desde luego que se produjeron afortunados hallazgos. Aquí les dejamos unos cuantos, tan sólo un botón de muestra por cada casa discográfica (sin que estén todas representadas), que demuestran la alta calidad del diseño psico-pop autóctono.


CBS 67
Polydor 67












DDC 68


Belter 68

Happyband 68

Philips 69

Emi 68







RCA 69
   
Los referentes para toda esta explosión de colorido y formas ondulantes seguían estando en la industria discográfica foránea, pero también en las escuelas de cartelistas sicodélicos que florecieron en Gran Bretaña y en los EUA alrededor de 1967, especialmente la Escuela de San Francisco, que deslumbró al mundo con una imaginación sin límites, creando una larga serie de carteles de diseño impactante y colorido sobrenatural, la mayor parte con la función apenas lograda de anunciar conciertos de Acid-Rock. Porque descifrar las fechas, lugares y artistas anunciados en estos carteles podía llegar a ser una tarea bien difícil. Un estilo ultra-barroco, directamente inspirado, a veces, en el modernismo y el art nouveau.


Triunfo 3.2.68
Empujada por todas las escuelas de cartelistas surgió la postermanía, una moda que fue puntualmente atendida por los medios de comunicación españoles. Conocemos artículos al respecto en la revista Genial (julio-agosto 1968) y también el muy destacado de la revista Triunfo (3-2-1968), que prestaba amplia atención a la escuela de San Francisco. Los pósters de temática pop, que hasta entonces habían estado prácticamente circunscritos al negocio del espectáculo y a la promoción musical, se convirtieron en codiciados objetos de consumo, cuya venta propició incluso el surgimiento establecimientos especializados. 

Dibujo de Conti circa 68


El arte sicodélico fue objeto de otros destacados artículos, como el que publicó el suplemento dominical del diario ABC (25-08-1968), y el volumen nº 5 de la revista Horizonte (filial de la francesa Planete) (julio-agosto, 1969), que también dedicaban amplia atención a los carteles sicodélicos de San Francisco.





 












Pero antes de que todos estos trabajos periodísticos vieran la luz, España ya contaba con su propia escuela de cartelistas sicodélicos. Su epicentro estaba en Barcelona, en la calle General Mitre nº 171 y se llamaba Posters Egat. Durante 1968 editó una importante cantidad de carteles, con las firmas estampadas de sus autores: Ariño, Equip 2, Gabriel Martínez, Guibernau, J. Arruga, Mart Rever, Romeu. En la actualidad estos pósters son objetos de coleccionista que se venden a precio de oro en la red, aunque no es fácil saber cuantas piezas llegaron a publicarse. Además de los que aquí les mostramos sabemos que se hicieron unos cuantos más. Pueden verse  en una secuencia de la película Se armó el Belén (José Luis Sáenz de Heredia, 1970), que muestra una actuación musical en un local con las paredes llenas de estos carteles.





Aquí la secuencia de la película:







Equip 2, 1968
La película, protagonizada por Paco Martínez Soria, resulta paralela en muchos aspectos a la que él mismo había protagonizado el año anterior, Abuelo Made In Spain (Pedro Lazaga, 1969), ya que ambas se centran en un tema tan en boga en aquel momento como era el choque entre tradición y modernidad. Si en la primera película el abuelo alucina cuando entra en un club ye yé en el que Los Gritos están interpretando su hit Veo visiones, en ésta, donde interpreta a un sacerdote chapado a la antigua, es él mismo quien organiza la fiesta sicodélica (!en su propia sacristía!) con la actuación en directo del grupo Los Moscardones, empujado por los vientos de modernidad que soplaban en el seno de la iglesia católica.

La fiesta acaba siendo reventada por unos mafiosos (con la excusa de ligarse a la bellísima Iran Eory, que baila en medio de la sala). Pero al margen del argumento la secuencia es todo un documento sobre el arte pop en España, que muestra muchos carteles difíciles de ver en otro lugar, como uno de los Beatles que lleva las siglas LSD. El colmo de la sicodelia!

Guibernau, 1968
Ariño, 1968





J. Arruga, 1968
Show Gallardo,1968



















Gabriel Martinez, 1968






Romeu,1968


















Mart Rever, 1968
Mart Rever, 1968



















































Y ahora unos cuantos fotogramas de Se armó el Belén:







 

















Beatles LSD




Todo este mundillo de los pósters estuvo íntimamente vinculado con la cultura del drugstore (establecimientos que podían ser boutique, cafetería, tienda de discos y peluquería al mismo tiempo, que proliferaron precisamente en 1968), el modo de vida in y el ultimo grito en modernidad. Diversos carteles dela serie Egat llevan el título Tuset Street en referencia a la calle más pop de Barcelona, donde estaba la Cova del Drac (sala de conciertos), las librerías más modernas de la ciudad y algunas empresas de jóvenes emprendedores, entre otras cosas. Era el hábitat natural del sofisticado colectivo de editores, artistas, vividores y modelos conocido como Gauche divine.





Y estrechamente relacionada con los Pósters y los Drugstores, floreció toda una parafernalia de pequeños objetos de consumo que eran minúsculas creaciones de arte pop: cigarrillos hippies, cajas de cerillas de diseño (con los fósforos en rosa y blanco, por ejemplo), cuadernos con tapas psico-pop-art, colonias pop...















A



Alrededor del centro neurálgico barcelonés constituido por la firma Egat y la calle Tuset había además un circuito de clubes que se publicitaron con los correspondientes carteles (y/o posa-vasos) a la moda. Estos ya realizados por autores anónimos: las discotecas Bocaccio, Ciro's, Le Clochard, el Play Boy Club de Sitges, el Club 24 de Vilanova i la Geltrú, el Club Barcelona de Tarrasa, Maddox  y Tifany's en Playa de Aro.....


















































Aquí un dibujo de la barcelonesa Purita Campos, del cómic Esther, donde puede apreciarse una habitación decorada con el cartel del club Play Boy de Sitges, mientras las chicas ponen discos en un pequeño equipo portátil.

















Y vean también una de esas ñoñas postales de los sesenta que hacían referencia a la juventud ye yé, donde puede apreciarse el mismo cartel del club Play Boy, otro de Maddox y otros de locales que desconozco.











Más al oeste, en Zaragoza, la discoteca Beethoven tuvo en 1968 un cartel diseñado por el artista aragonés de larga trayectoria Natalio Bayo. Sí, también influido por la cartelística psicodélica.



Otro aragonés, el oscense Antonio Saura, estaba por esos años rodando películas con un estilo rompedor, de fuerte personalidad, en el que estaba muy presente la música pop. Si en la banda sonora de La caza (1966) suenan varias piezas de ye yé autóctono (como la celebérrima Snob ye yé de Marina), en la posterior Pepermint Frappé (1967) asistimos a una memorable secuencia con Geraldine Chaplin bailando libremente bajo un cielo otoñal al ritmo de The Incredible Miss Perryman de Los Canarios. Aquí pueden observarla:




Por ello Antonio Saura se merecía sin duda el mejor de los homenajes pop; el que le brindó el cartelista cubano Antonio Reboiro, que hizo en 1969 un cartel publicitario de la película Pepermint Frappé al mas puro estilo sicodélico. Muy en la onda de los carteles que servían para anunciar conciertos en el extranjero.



Toda la primera época de Antonio Reboiro está fuertemente influenciada por la sicodelia, auque nos queda fuera del asunto que tratamos aquí, ya que a finales de los años 60 Reboiro trabajó por toda Europa y residía en su tierra de origen, Cuba. No fue hasta los años 80 cuando se estableció definitivamente en España. Como curiosidad, aquí otro cartel de su primera época:




Si seguimos recorriendo la geografía española en busca de arte pop y sicodélico tendremos que detenernos obligatoriamente en Valencia, que a finales de los años 60 contaba con un efervescente colectivo de artistas pop, la Estampa Popular, en el que militaban los miembros del Equipo Crónica (Rafael Solbes, Manolo Valdés), el Equipo Realidad (J. Cardells, I.I. Ballester) y otros autores como Andreu Alfaro, F. Jarque, F. Calatayud, J. M. Gorris, R, Martí Quinto, A. Peters, y Joan Antoni Toledo. Desconocemos si llegaron a realizar carteles para clubes y discotecas o simples carteles sicodélicos, aunque juntos sí que realizaron en 1967 una impresionante calendario pop-art lleno de humor y sátira, para llevar bien el año 1968. Aquí les dejamos unas fotos:


























Seguro que ya están pensando en las portadas artepop que el Equipo Crónica realizó en 1968 para singles de los cantautores Raimon y Ovidi Montllor en el sello Discophon. Pues no se las vamos a poner aquí, ala, porque ya están en otro sitio de este blog. Concretamente aquí:

http://psiqueshinegroovy.blogspot.com.es/2014/12/protesta-contraprotesta-un-debate-pop.html


De modo que nos vemos obligados a continuar nuestra ruta cambiando de ciudad. Ahora le toca a la capital del reino, que, igual que Barcelona, también tuvo su calle pop. La de Madrid se conocía coloquialmente como Moncho Street y oficialmente como calle Ramón de la Cruz. Allí se localizaba entre otros negocios super-modernos una boutique-drugstore llamada Pippermarket, famosa porque su fachada estaba pintada con el rostro gigante de una chica, cuyas gafas eran dos ventanas. Las estrellas de la canción gustaron de fotografiarse junto a esta vistosa fachada, por ejemplo Marisol y Rocío Dúrcal, una incipiente Mari Trini, y uno de los grupos más mods de Madrid (aunque originario de Galicia), que se hacían llamar, precisamente, Los Pósters.




Los Pósters, 1967


Otro templo de la modernidad madrileña fue la boutique de la británica Angie Cat, que se localizaba en la Cuesta de Santo Domingo. Angie cultivó relaciones con la gente del cine y la música pop en España (vinculada con el compositor Manolo Díaz y el clan de Los Canarios, estuvo casada con un actor), con los que incluso grabó algunos discos, dejando un delicioso primer single (Poplandia, 1969) que lucía un espíritu muy cercano al de la gauche divine barcelonesa. Algunas películas españolas se hicieron eco, con mayor o menor grado de sátira, de ese ambiente madrileño, por ejemplo Las gatas tienen frío (Carlos Serrano de Osma, 1970), que incuye una breve secuencia rodada en su tienda de moda, "muy inglesa y disparatada" según las crónicas.

Angie's Boutique, con Teresa Rabal. 1969














Otro retrato esencial de la dulce modernidad madrileña de los últimos años sesenta se debió, cómo no, al donostiarra Ivan Zulueta con la inigualable 1,2,3 al escondite inglés (1969). La peli nos encanta y podríamos estar hablando horas de ella pero para no desviarnos del tema que aquí nos ocupa, nos limitaremos a contar que una de sus secuencias -cuando Patty Sheppard se encuentra con José María Iñigo- está rodada en el interior de una tienda especializada en la venta de pósters (¿sería en un drugstore?).





El propio Zulueta, pintor y diseñador además de cineasta, se aproximó en más de una ocasión al arte sicodélico. Especialmente en el dibujo que realizó para la portada del single de Los Brincos, Amiga mia / Erase una vez (Novola,1968), posiblemente su obra más cercana a la cartelística sicodélica internacional, con unas formas geométricas muy similares a las que él mismo empleó para los escenarios del programa televisivo Último grito, y al mismo tiempo representando un rostro femenino que recuerda al de la fachada del Pippermarket.






Un inciso al que no podemos resistirnos: el conjunto Los Salvajes y el cantante Tony Bernan publicaron discos cuyas portadas también mostraban rostros femeninos llevando gafas-ventana; igual, igual, que la chica-fachada del drugstore madrileño.

Sayton, 1967
Emi, 1968














Y ya para terminar, sólo nos queda llamar la atención sobre la potente influencia que las escuelas foráneas de carteles sicodélicos ejercieron en el diseño vinculado a la prensa musical española de los últimos años sesenta. Ejemplo paradigmático es el de la revista Fonorama, que hacia 1967-68 transformó radicalmente su estética con diseños barrocos creados por su director José Luis Álvarez, en ocasiones copiando directamente algún cartel de conciertos de San Francisco. Obras que tuvieron una continuación directa en varias portadas de discos del sello CEM, debidas al parecer al mismo autor.










La misma influencia foránea explica además la transformación psicodélica del diseño de la revista Romántica, igualmente entre 1967 y 1968.

















También algunas publicaciones de cómic juvenil femenino, un vastísimo campo editorial en los años 60, recogieron la misma influencia de las artes gráficas sicodélicas. En especial la serie Carol, de la revista Azucena, ilustrada por la magnífica e inventiva dibujante Gemma Sales. Aquí unos ejemplos:




















Fin... O hasta que encontremos más cosas